La arquitectura griega es una clara expresión del sentido de armonía y equilibrio que perseguía la civilización griega. Ello queda plasmado en la belleza y la armonía de proporciones utilizadas en sus edificaciones.
Las formas constructivas seguían unas pautas, que se han clasificado en tres órdenes: dórico, jónico y corintio. Se entiende por orden la sucesión de las diversas partes del soporte (columna) y del dintel (entablamento).
Un aspecto importante de la arquitectura griega es que es “arquitrabada”, es decir, utilizaban el arquitrabe, una pieza de piedra grande para colocar sobre las columnas, lo que no les permitía cubrir espacios muy grandes. Los griegos solo utilizaban estas cubiertas planas, pues no usaron ni el arco ni la bóveda.
Los edificios eran de piedra o de mármol, pero solían estar pintados en rojo y azul.
Las más importantes construcciones de los griegos fueron templos y teatros, los edificios que se necesitaban para dos aspectos esenciales de la cultura griega: el culto a los dioses y el teatro.
Los templos, a diferencia de otras culturas de la antigüedad, eran edificios pequeños, pues no tenían como finalidad reunir a los fieles para rezar; las grandes ceremonias que reunían a las masas se celebraban fuera del templo, en grandes explanadas.
Los teatros, por el contrario, solían ser muy grandes, pues había una gran afición al teatro. Se construían aprovechando el terreno, pues el territorio griego siempre ofrece la ladera de una montaña para construir las gradas y la parte baja para levantar el escenario, llamado orquestra. Los teatros tenían capacidad para miles de espectadores.