El movimiento independentista partió de tres focos principales: México, Caracas, y Buenos Aires.
México seguía basando su economía en la minería de la plata, fundamental para la economía española. Pero la población indígena, que había aumentado considerablemente, mostraba su descontento por sus condiciones de vida y contra el poder de los latifundistas.
La insurrección partió de la masa popular, liderada por dos sacerdotes indígenas, Manuel Hidalgo y José María Morelos, que fueron apresados y ejecutados. La alta jerarquía de la Iglesia y los terratenientes temían por sus tierras y privilegios y apoyaron al militar Agustín de Iturbide que declaró la independencia y fue nombrado emperador (1822), pero renunció, fue ejecutado y México se convirtió en una república (1823).
 Caracas era un centro administrativo que había logrado un gran desarrollo en el siglo XVIII. Después de declararse el autogobierno de Venezuela en 1810, Simón Bolívar destacó como militar en sus victorias contra España en las batallas de Boyacá y Carabobo, que le dieron prestigio y autoridad para crear los Estados Unidos de Colombia, compuestos inicialmente por Venezuela, Colombia y, más tarde, por Ecuador. Pero fracasó en su plan de crear una Gran Colombia, unión de todas las naciones sudamericanas.
En Buenos Aires destacó el general José de San Martín, libertador de Argentina, Chile y Perú. El 29 de enero de 1814, San Martín asumió el mando del Ejército del Norte, cruzó la Cordillera de Los Andes y atacó Perú, bastión españolista. Junto con Bolívar y Sucre consiguió las victorias de Junin y Ayacucho, en 1824, que significaban la derrota definitiva de los españoles en el continente americano.
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