A partir de 1808 se inicia un periodo de convulsiones e inestabilidad no sólo en la Península sino en todo el territorio iberoamericano. Inicialmente en Ultramar se sigue el ejemplo de los españoles peninsulares y reúnen cabildos y juntas en las ciudades para cubrir el vacío de poder que se produce tras las abdicaciones de Bayona.
Pero los participantes en las juntas tienen posturas enfrentadas:
- Los criollos ven en las juntas la oportunidad de asumir el poder político, en nombre de Fernando VII pero con autoridad propia e independiente (Triunfó en Buenos Aires, Chile, Venezuela, con predominio de los mercaderes locales). Defendieron el libre comercio y establecieron relaciones diplomáticas directas con Inglaterra y EEUU.
- Los clérigos españoles, hacendados y burócratas sostienen que el poder político legítimo ha de proceder de la Península (postura fidelista, con centro principal en Perú, donde se temía el levantamiento indígena. En México se reprimieron los levantamientos populares).
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