En 1814, Fernando VII recupera poder legítimo en todos los territorios de la Corona y restaura la situación previa a 1808. Pero las colonias americanas rechazarán la vuelta al absolutismo y al dominio español e iniciarán un conflicto armado que buscó la independencia (se la denominó emancipación) de las nuevas naciones hispanoamericanas.
 El 1 de enero de 1820, el teniente coronel Rafael del Riego se sublevó en Cabezas de San Juan contra el régimen. En un principio, el ejército de la Corona sometió los focos rebeldes de Nueva Granada y del resto del imperio, excepto en Buenos Aires, que permaneció fuera del control directo de Madrid.
Sin embargo, la política de represión hizo perder apoyo popular a la causa realista, y la oposición liberal se trasladó a Ultramar, especialmente en el ejército, con deserciones, insubordinaciones y sociedades secretas. Por otra parte, la crisis financiera del Estado español dificultó el envío de tropas, lo que envalentonó a los grupos independentistas imbuidos cada vez más de las ideas revolucionarias de EEUU y Francia.
A partir de 1816, las victorias de Bolívar, San Martín y Sucre debilitaron la posición española hasta su completa derrota en 1824 (Batallas de Junín y de Ayacucho) que puso fin a la dominación española en América, salvo en las islas del Caribe.
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