«---Quincena 8ª-. El diálogo---»
      
  • Antes de empezar
  • Contenidos
  • Ejercicios
  • Autoevaluación
  • Para enviar al tutor
  • Para saber más
  • Índice

El principito

Lee con atención este fragmento de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry (1943). En él encontrarás un diálogo entre el joven protagonista y un bebedor. La aparente sencillez del niño encierra, sin embargo, una profundidad que a menudo queda fuera del alcance de los adultos.

Por otra parte, el fragmento nos hace ver las enormes posibilidades expresivas del diálogo en la literatura.

El tercer planeta estaba habitado por un bebedor. Fue una visita muy corta, pues hundió al principito en una gran melancolía.
—¿Qué haces ahí? —preguntó al bebedor que estaba sentado en silencio ante un sinnúmero de botellas vacías y otras tantas botellas llenas.
—¡Bebo! —respondió el bebedor con tono lúgubre.
—¿Por qué bebes? —volvió a preguntar el principito.
—Para olvidar.
—¿Para olvidar qué? —inquirió el principito ya compadecido.
—Para olvidar que siento vergüenza —confesó el bebedor bajando la cabeza.
—¿Vergüenza de qué? —se informó el principito deseoso de ayudarle.
—¡Vergüenza de beber! —concluyó el bebedor, que se encerró nueva y definitivamente en el silencio.
Y el principito, perplejo, se marchó.
“No hay la menor duda de que las personas mayores son muy extrañas”, seguía diciéndose para sí el principito durante su viaje.
  • El diálogo
  • El diálogo formal. Debates
  • El diálogo en los medios de comunicación
  • El diálogo en la literatura. La novela
  • El diálogo en la literatura. El teatro
  • El monólogo en la literatura. La novela
  • El monólogo en la literatura. El teatro
  • Estilo directo y estilo indirecto
  • El diálogo y las nuevas tecnologías
  • Técnicas: ordenar las ideas
  • Ortografía: el uso de la x
  • Metonimia y sinécdoque

El diálogo

Podemos definir el diálogo como el acto comunicativo por el cual dos o más interlocutores intercambian información verbalmente.

El diálogo se produce de forma espontánea entre casi todos los miembros de una comunidad humana; pero eso no implica que no deba educarse para que resulte más útil y satisfactorio. Algunas reglas básicas para mantener un buen diálogo podrían ser:

  • Respetar el uso de la palabra, no cortar ni interrumpir al interlocutor.
  • Ser cortés: no insultar ni descalificar al interlocutor.
  • No levantar la voz.
  • Mantener una escucha activa y atenta.
  • Hacer que la conversación avance, no repetir y volver sobre lo mismo.
  • En general, procurar llegar a una conclusión o, al menos, a algunos puntos en los que se pueda estar de acuerdo.

Cuando la conversación degenera en un griterío en el que nadie escucha ni se entiende, se vuelve un espectáculo desagradable y estéril. Bien usado, el diálogo es una herramienta utilísima para conocer otros puntos de vista; para aprender, relacionarse, resolver problemas y fortalecer lazos afectivos.

Imagen

El diálogo formal. Debates

Lo que caracteriza al debate frente a otras formas de diálogo más espontáneas es la necesidad de conocer un tema y, si es necesario, de prepararse con anterioridad.

En una sociedad democrática, donde las decisiones deben tomarse a menudo de forma conjunta, el debate cobra una gran importancia en el seno de diversas agrupaciones, como pueden ser las asociaciones vecinales; las plataformas ciudadanas; las asambleas de trabajadores; y, por supuesto, las instituciones de gobierno, ya sean municipales, autonómicas o nacionales. En la mayoría de los casos mencionados, el debate va seguido de una votación.

Los participantes de un debate son:

  • El moderador: su papel es fundamental. Es el encargado de distribuir los turnos de palabra, y de impedir actitudes y comportamientos irrespetuosos o desordenados.
  • Los interlocutores: a menudo no hablan solo por ellos mismos, sino que son representantes de un colectivo. Se les supone, por tanto, además de lealtad a las personas que representan, un especial dominio del tema del que se trata; así como la capacidad de expresarse de forma correcta, clara y convincente.
  • Los oyentes o espectadores: casi siempre, la decisión final no recae sobre los participantes en el debate, sino que la toman quienes escuchan a través de una votación. El caso más claro es el debate sobre el estado de la nación, que se celebra anualmente en el Congreso de los Diputados y que, por su relevancia, se retransmite en directo para toda España.
Imagen

El diálogo en los medios de comunicación

En los medios de comunicación de masas podemos encontrar con mucha frecuencia dos formas de diálogo: la entrevista y la tertulia.

La entrevista, que puede ser oral o escrita, puede definirse como un diálogo entre el periodista y la persona entrevistada, que suele ser alguien relevante. Los elementos esenciales de una entrevista son:

  • Una breve presentación, en la que se hace una pequeña semblanza del entrevistado y de las razones por las que es importante.
  • La sucesión de preguntas y respuestas, que son contestadas con libertad y con extensión variable.
  • En el caso de que la entrevista sea escrita, el periodista puede recoger elementos “kinésicos” como risas, gestos, etc.
  • Es de gran importancia la imagen. En la prensa escrita, la entrevista suele ir acompañada de un pequeño reportaje fotográfico.

La tertulia, que puede ser televisiva o radiofónica, retransmite una conversación más o menos informal entre personas a las que se supone un especial conocimiento sobre los temas tratados o sobre la actualidad en general. Aunque no es un debate, suele haber un responsable que hace las veces de moderador.

Las tertulias pueden tratar de temas muy diversos: política, economía, sociedad, salud, deportes…

Imagen

El diálogo en la literatura. La novela

En la literatura, el diálogo cobra una gran importancia, especialmente en la narrativa. En los cuentos y novelas, el diálogo nos da una gran información acerca de los personajes, su manera de pensar, su cultura, su personalidad…

El diálogo en la narrativa sigue unas pautas ortográficas propias:

  • Como regla general, cada vez que habla un personaje se empieza con una raya (más larga que el guion) y se acaba con un punto y aparte.
—¿Quién está ahí?
—Soy María. He venido a ayudarte.
  • Si después del personaje vuelve a hablar el narrador, sus palabras van precedidas de otra raya. Antes de ese guión no se deben poner puntos, ni comas, ni ningún otro signo de puntuación.
—¿Quién está ahí? —preguntó Juan.
—Soy María. He venido a ayudarte —respondió su hermana.
  • Las palabras del narrador pueden ir intercaladas, entre rayas, dentro del discurso del personaje.
—¿Quién está ahí? —preguntó Juan— Sal para que pueda verte.
—Soy María —respondió su hermana—. He venido a ayudarte.

El diálogo en la literatura. El teatro

Lo que diferencia al género dramático o teatral de los demás es precisamente que está escrito por entero en forma de diálogo directo. El diálogo teatral presenta ciertas diferencias respecto al diálogo narrativo.

  • Las intervenciones de los personajes no van precedidas de una raya, sino del nombre del personaje que habla. No existe un narrador propiamente dicho. Ninguna palabra se pronuncia en la escena si no es a través de algún personaje. Observa estos ejemplos tomados de la obra Romeo y Julieta, de William Shakespeare.
    BENVOLIO: Ya son las nueve.

  • Son fundamentales las acotaciones, indicaciones del autor sobre entradas y salidas, movimiento, entonación, estado de ánimo de los personajes… Aparecen entre paréntesis dentro del discurso de los personajes. Sin ellas, el director de escena no sabría cómo debe montar la escena.
    ROMEO: ¡Nodriza! (Se levanta).

  • Cuando aparece la acotación Aparte, quiere decir que lo que ese personaje dice a otro o incluso al público, no es oído por los demás personajes que están en escena.
    SANSÓN: (Aparte, a Gregorio) ¿Está la ley de nuestra parte?
Imagen

El monólogo en la literatura. La novela

Al contrario de lo que sucede con el diálogo, los monólogos no son muy importantes en la narrativa. Casi siempre, las novelas y cuentos tratan de imitar la realidad de los comportamientos humanos, y hablar solo no es muy frecuente.

Sin embargo, a partir del siglo XIX, aparece el monólogo interior, que trata de imitar el pensamiento que no se pronuncia, sobre todo bajo situaciones de presión emocional (miedo, ira, rabia…).

Aquí tienes un ejemplo de La Colmena (1951), de Camilo José Cela. El protagonista, Martín Marco, está muy asustado, porque acaba de tener un encuentro con un siniestro agente de policía que tiene un diente de oro. Mientras se aleja, los pensamientos se agolpan en su mente sin orden alguno.

Martín empieza a pensar muy deprisa.
—¿De qué tengo yo miedo?¡ Je, je! ¿De qué, de qué? Tenía un diente de oro. ¡Je je! ¿De qué puedo tener yo miedo? ¿De qué, de qué? A mí me haría bien un diente de oro. ¡Qué lucido!¡Je, je! ¡Yo no me meto en nada! ¡En nada! ¿Qué me pueden hacer a mí si yo no me meto en nada? ¡Je, je! ¡Qué tío! ¡Vaya un diente de oro! ¿Por qué tengo yo miedo? ¡No gana uno para sustos! ¡Je, je! De repente, ¡zas!, ¡un diente de oro! ¡Alto, los papeles! Yo no tengo papeles. Yo soy Martín Marco, con diente de oro y sin diente de oro. ¡Je, je! En este país a los escritores no los conoce ni Dios. Paco, ¡ay, si Paco tuviera un diente de oro! ¡Je, je! Sí, colabora, colabora, no seas bobo, ya darás cuenta, ya… ¡Qué risa! Esto es para volverse uno loco. ¡Éste es un mundo de locos! ¡De locos de atar! ¡De locos peligrosos! ¡Je, je! A mi hermana le hacía falta un diente de oro. Si tuviera dinero, mañana le regalaba un diente de oro a mi hermana. ¡Je, je! Ni Isabel la Católica, ni la vicesecretaría ni la permanencia espiritual de nadie. ¡Lo que yo quiero es comer! ¡Comer!
Imagen

El monólogo en la literatura. El teatro

Frente a lo que sucede en la narrativa, el monólogo siempre ha tenido un lugar destacado en el género dramático. Desde la Antigüedad, los personajes principales han contado con largos parlamentos, sin interrupción alguna, donde los actores encontraban una excepcional oportunidad de lucimiento. Algunos de estos monólogos han pasado a la Historia de la Literatura como verdaderos clásicos, y son conocidos por las personas de una cultura mediana, que incluso se atreven a recitar algunos fragmentos. Es el caso del siguiente monólogo de Hamlet, que probablemente te resulta familiar:

¡Ser o no ser: he aquí el problema! ¿Qué es más elevado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar las armas contra un mar de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? ¡Morir…, dormir; no más!

El monólogo ha aparecido siempre integrado en una obra de teatro larga; pero en los últimos tiempos se ha constituido en un verdadero género independiente. Casi siempre se trata de monólogos de humor, de una extensión más o menos breve, por lo que en un mismo espectáculo pueden aparecer varios. Otras veces, el monólogo puede convertirse en una obra extensa, como es el caso de El cavernícola, de Nancho Novo o El caballero de la palabra, de Rafael Álvarez El Brujo.

Imagen

Estilo directo y estilo indirecto

Existen dos formas básicas de reproducir el discurso de un interlocutor. El estilo directo y el estilo indirecto:

  • El estilo directo consiste en reproducir de manera textual las palabras pronunciadas por alguien. Para ello, se construye una oración dependiente de un verbo de habla (decir, responder, añadir…). El texto reproducido siempre aparece entre comillas y después de dos puntos.
    El capitán dijo: “Mañana volveremos aquí y exploraremos con cuidado”.

  • El estilo indirecto, por el contrario, reproduce la idea expresada por otra persona, pero no así las palabras exactas. Las comillas y los dos puntos desaparecen.
    El capitán dijo que al día siguiente volverían a aquel lugar y explorarían con cuidado.

  • El estilo indirecto libre, fue una novedad introducida por los novelistas franceses en el siglo XIX. Consiste en reproducir el mensaje en estilo indirecto, pero suprimiendo los verbos de lengua.
    El capitán ordenó regresar al campamento. Mañana mismo volverían a aquel lugar y explorarían con cuidado.
Como habrás observado en los anteriores ejemplos, la transformación del estilo directo al estilo indirecto precisa de algunos cambios en las formas verbales (volveremosvolverían), así como en las referencias al espacio (aquíaquel lugar) y al tiempo (mañanaal día siguiente).
Imagen

El diálogo y las nuevas tecnologías

El diálogo entre dos personas se produce, en condiciones naturales, cuando las dos están presentes en un mismo sitio. Ello implica que ambas pueden verse y reforzar su comunicación con recursos paralingüísticos (gestos, proximidad…); y que comparten las mismas referencias de espacio y tiempo.

Esto cambió con la invención del teléfono, los radio-transmisores y otros medios de comunicación a distancia. Con ellos, los interlocutores debieron aprender a ser más explícitos, y a reforzar su comunicación con elementos fáticos (recuerda la quincena 4).

Hoy en día, las nuevas tecnologías han propiciado nuevas formas de diálogo; a saber:

  • Los foros. En ellos, la conversación se realiza por escrito, aunque la respuesta del interlocutor no tiene por qué ser inmediata. El foro tiene la peculiaridad de que dicha conversación está abierta a una colectividad de foristas que, en un momento dado, pueden intervenir.

  • Los chats. Se pueden definir como un servicio de mensajería instantánea, en el que dos o más interlocutores, que deben estar conectados a la red, pueden mantener un diálogo por escrito.

  • La videoconferencia. Es un sistema que permite que los interlocutores se vean y se oigan a través de un monitor. En principio exige equipos carísimos y suele usarse por compañías multinacionales, ejércitos… aunque empieza a popularizarse un sistema parecido a través de los móviles de última generación, denominado videollamada.

Técnicas: ordenar las ideas

Si buscamos eficiencia en el uso que hacemos del lenguaje, no sólo debemos examinar la calidad y la cantidad de la información que empleamos y transmitimos, sino también la forma en que está organizada y estructurada.

Los textos expositivos pueden organizarse de dos formas en función de su estructura:

  • Estructura deductiva: el tema queda claramente expuesto al principio del discurso y, luego, se va desarrollando a lo largo de los siguientes párrafos.

  • Estructura inductiva: el tema o idea principal no queda expresamente formulado hasta el final del discurso, a modo de conclusión.

Los conectores son palabras muy útiles a la hora de marcar las partes de un discurso y establecer las relaciones que guardan entre sí. Los conectores pueden ser:

  • Aditivos: además, también, asimismo, para colmo…
  • Organizativos: en primer lugar, para empezar, finalmente…
  • Opositivos: sin embargo, no obstante, aun así, ahora bien…
  • Consecutivos: por tanto, por consiguiente, de ahí que, así que…
  • Causales: ya que, a causa de, como, debido a…
  • Comparativos: del mismo modo, igualmente…
  • Reformulativos: es decir, esto es, en suma, en conclusión…
Imagen Comprueba lo que sabes sobre  colocación de conectores.
Imagen

El uso de la x

La letra x representó en el pasado el sonido velar que hoy se corresponde con las letras g y j. Esta grafía antigua se conserva en palabras como México, que, sin embargo, también puede escribirse Méjico. Hoy en día, la x representa la conjunción de los fonemas /g/ y /s/; así que una palabra como examen debe pronunciarse en un registro culto /egsamen/, aunque en un registro más coloquial la pronunciación se relaja y se aproxima a /s/.

Se escriben con la letra x:

  • Las palabras que empiezan por el prefijo extra- (fuera de): extraordinario, extraterrestre, extramuros…

  • Las palabras que empiezan por el prefijo ex- (privación, movimiento hacia fuera): expresidente, expresidiario, excavar, exportar…

  • Las palabras que empiezan por el prefijo xeno- (extranjero): xenofobia…

  • Las palabras que empiezan por el prefijo xilo- (madera): xilófono…

  • Las palabras que empiezan por el prefijo xeri- (seco): xerigrafía….

  • Las palabras que empiezan por ex- seguida del grupo -pl-, -pr-, o de h: explorar, expresar, exhortar, exhalar….

Imagen

Metonimia y sinécdoque

La metonimia es el fenómeno lingüístico por el cual un término transfiere su significado a otro con el que comparte una relación de proximidad, ya sea por cercanía física o porque los hablantes perciben ambos términos como cercanos de forma subjetiva. Aquí te ofrecemos algunos ejemplos de las relaciones semánticas que producen metonimia.

  • Cercanía física: el cuello de la camisa, es decir, la parte de la camisa que está cerca del cuello.

  • El origen geográfico por el producto: un valdepeñas, es decir, un vino elaborado en la comarca de Valdepeñas.

  • El autor por la obra: un velázquez, es decir, un cuadro pintado por Velázquez.

  • El continente por el contenido: bebió una copa, es decir, bebió el contenido de una copa.

Existe un caso específico de metonimia que recibe el nombre de sinécdoque, y que se produce cuando denominamos a un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa. Observa los ejemplos:

  • El todo por la parte: cien cabezas de ganando. (La cabeza denomina a la res entera).

  • La parte por el todo: la ciudad de Madrid salió a la calle. (La palabra ciudad se refiere a un número significativo de sus habitantes).
En esta página podrás realizar ejercicios para repasar lo que has aprendido.

Encontrarás tres juegos de ejercicios sobre:

El diálogo
Estructuras textuales
Ortografía y Léxico

No tienes límite de tiempo para realizar los ejercicios.
Hazlos con calma, comprobando bien las soluciones.
Si fallas reiteradamente en alguno, repasa de nuevo los contenidos y vuelve a intentarlo.
Puedes resolver los ejercicios cuantas veces quieras.


  • Autoevaluación 1
  • Autoevaluación 2

Actividades

  1. Reescribe el siguiente diálogo de El principito empleando correctamente la raya.

    Cuando llegó al planeta saludó respetuosamente al farolero:
    –¡Buenos días! ¿Por qué acabas de apagar tu farol?
    –Es la consigna –respondió el farolero– ¡Buenos días!
    –¿Y qué es la consigna?
    –Apagar mi farol. ¡Buenas noches!– Y encendió el farol.
    –¿Y por qué acabas de volver a encenderlo?
    –Es la consigna.
    –No lo comprendo– dijo el principito.
    –No hay nada que comprender –dijo el farolero–. La consigna es la consigna. ¡Buenos días!


  2. ¿Cuáles son los participantes en un debate?

  3. Explica brevemente cuáles son las partes de una entrevista escrita.

  4. Completa el texto empleando algunos de los conectores que tienes en la página 10.

    Cuando llegamos a Sevilla, empezaron los problemas.
    ______________, la empresa no había hecho las reservas y no teníamos habitaciones, ________ se celebraba la feria de abril y era casi imposible encontrar un solo alojamiento en toda la ciudad. _____________, María se encontraba enferma y necesitaba descansar bien aquella noche.
    ____________, el director del hotel se mostró muy comprensivo y nos dio la dirección de un albergue muy limpio en las afueras de la ciudad. Allí encontramos un lugar limpio y acogedor para pasar la noche. ____________ estábamos muy cansados, nos quedamos dormidos en seguida, y no oímos nada de la juerga flamenca que habían organizado algunos huéspedes de Málaga y Huelva.
    _____________, pudimos entrevistarnos con los proveedores y cerrar un buen negocio, y todavía pudimos dedicar una noche a visitar la ciudad. __________, fue un viaje productivo y divertido.


  5. Escribe cinco frases en estilo directo y pásalas después al estilo indirecto.
Imagen

Fichero Adjunto:

El diálogo y la democracia ateniense.

En las antiguas ciudades griegas, denominadas polis, existía un espacio abierto llamado ágora, que constituía una especie de centro comercial, cultural y político. En él se celebraba la asamblea de ciudadanos libres (ekklesia) y se tomaban decisiones importantes que afectaban a toda la comunidad.

Por todo ello, podemos decir que, dentro de la democracia ateniense, el ágora era un espacio dedicado al diálogo. Las personas influyentes de la ciudad pronunciaban discursos y mantenían polémicas ante el pueblo, que finalmente decidía con su voto. El tiempo de las intervenciones de los oradores se medía con un reloj de agua denominado clepsidra.

Una de las votaciones más importantes que se llevaban a cabo en la antigua Grecia era la que decidía el ostracismo, es decir, el exilio para algún ciudadano al que se consideraba nefasto para la ciudad. Recibía su nombre del cascote de cerámica (ostrakon) en el que los participantes en la asamblea escribían el nombre del condenado.

Cuenta una anécdota que, durante una de estas votaciones, un campesino que no sabía escribir pidió a un ciudadano más culto que escribiera el nombre de Arístides en su ostrakon. Cuando le preguntó por qué quería votar su destierro, el campesino respondió: Ni siquiera le conozco, pero ya estoy harto de oír que le llaman justo. A pesar de lo absurdo de la petición, el ciudadano más culto accedió.

Este ciudadano… ¡era el propio Arístides!
Imagen