«---Quincena 7ª-. El género dramático---»
      
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  • El género dramático
  • La temática del drama

El género dramático

El drama es un género literario que se basa en la representación de conflictos humanos que tienden a su resolución. Cuando esta es positiva, nos encontramos ante una comedia; si por el contrario es negativa, se produce una tragedia.

El objetivo del drama es conseguir que el espectador se implique de algún modo en lo que está presenciando. Conviene no olvidar que los textos dramáticos no alcanzan su pleno sentido hasta que se ponen en escena. En el drama no hay un narrador o un yo poético que nos guíe, y este hecho nos obliga a enfrentarnos directamente con lo que está sucediendo en el escenario. Una obra de teatro siempre es un desafío tanto para el sentimiento como para la inteligencia del espectador.

Se trata de un reto singular, puesto que, contra lo que cabría esperar, no solemos afrontarlo en solitario. Por su propia naturaleza, la obra dramática tiene un indudable carácter social. Nunca estuvo pensada para que un solo individuo la disfrutase en privado, sino para su exhibición pública.

Quien acude a un teatro participa en un acontecimiento único, ya que la representación de la que va a ser testigo no se repetirá jamás: la interpretación de los actores, la actitud del público, las circunstancias que rodean la función, las mismas condiciones de la sala crean un clima especial que desaparece para siempre en el momento en que cae el telón. Por eso es fundamental que, cuando acudimos al teatro, lo hagamos siendo conscientes de la importancia del espectáculo que se nos ofrece y lleguemos dispuestos a entrar en su dinámica, poniendo en alerta todos nuestros sentidos para experimentar el asombro, el dolor o el rechazo ante una historia que bien podría ser la nuestra.

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La temática del drama

El drama nos pone ante una situación conflictiva que suele ser fruto de la manera en que los personajes entienden sus relaciones con los demás. Es esencial comprender cuáles son los intereses que mueven a cada uno de ellos, qué valores defienden o cuestionan, qué sienten y cómo van evolucionando y transformándose a lo largo de la obra.

Los personajes libres, generosos, que colaboran con los demás y disfrutan con el encuentro, que ayudan a que otras personas sean felices despiertan inmediatamente nuestra simpatía; mientras que los que son egoístas e interesados, los que seducen al otro para dominarlo, convirtiéndolo en un objeto del que se sirven para conseguir sus propios fines provocan nuestro rechazo.

En otras ocasiones, el conflicto que se plantea es de índole personal. Se trata de un dilema cuya solución ocupa al personaje durante toda la obra. En este caso, lo importante no es la acción, que normalmente se reserva para el final, sino la reflexión, el análisis de los términos del problema, para poder decidir qué es lo mejor.

Sobre estas estructuras básicas se tejen argumentos muy variados. Aquí tienes algunos ejemplos, aunque seguro que a ti se te ocurren muchos más:

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  • Conflicto amoroso por el origen.
  • Enfrentamiento entre padre e hijo.
  • Los hermanos enemistados.
  • El cónyuge infiel.
  • La difamación del inocente.
  • La prueba de amistad.
  • El pacto con el diablo.
  • El amor secreto.
  • El mal consejero.
  • El seductor o la seductora.
  • La pérdida del hogar.
  • El sacrificio.
  • La venganza de una afrenta.
  • Los abusos de un tirano.
  • El bandido justo.
  • La conspiración.
  • La profecía.
  • La avidez de dinero.

  • Elementos de la obra dramática
  • La estructura de la obra
  • Los personajes. Tipos
  • Lugar, tiempo y acción
  • La representación teatral
  • La tragedia
  • Un ejemplo de tragedia: Yerma
  • La comedia
  • Un ejemplo de comedia: Melocotón en almíbar
  • La creación y transmisión de ideas
  • Diptongos, triptongos e hiatos
  • Vocabulario: el arte

Elementos de la obra dramática

Formalmente, el rasgo que mejor caracteriza al drama es el hecho de que el autor cede la palabra a los personajes, para que sean ellos los que den cuenta de su historia a través de sus intervenciones. El discurso de un personaje (en prosa o en verso) se puede articular de dos formas:

  • A través del diálogo: La conversación entre dos o más personajes, que alternativamente muestran sus ideas y sentimientos, y de esta manera dan a conocer cuál es el conflicto dramático.
    MAGDALENA. ¡Ya escuchaste lo que dijo!…
    DOÑA RAMÍREZ. Claro está que lo escuché.
    ¡Casarte tú con el Duque
    siendo amante del Marqués!…

    ¡Ser esposa de don Pero
    la que de don Mendo es!
    MAGDALENA. ¡Calla!
    DOÑA RAMÍREZ. ¡Pero ante Dios solo puedes
    casarte con el Marqués!

  • Por medio del monólogo: Las reflexiones que hace en voz alta uno de los personajes, cuando se encuentra solo, para que el público pueda conocer su conflicto interior.
    MAGDALENA. ¿Qué importa?
    ¿Qué puedo esperar de él,
    si carece de fortuna
    y no es amigo del Rey?
    Quiero triunfar en la corte,
    quiero brillar, quiero ser
    algo que mucho ambiciono.
    ¡Quiero serlo y lo seré!

  • También cabe la posibilidad de que un personaje hable para sí o con algún otro, suponiendo que no lo oyen el resto de los que se encuentran en escena, pero sí el público. Esta técnica se conoce como aparte.
    DOÑA RAMÍREZ. Pues lo mandan es razón
    que sea muda, ciega y sorda,
    pero me da al corazón
    que aquí se va a armar la gorda.
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Imagen Comprueba lo que sabes sobre
dramaturgos europeos

La estructura de la obra

Como ocurre con cualquier obra literaria, en el drama podemos distinguir entre una estructura externa: la organización de la obra, y una estructura interna: la organización de la historia que esa obra cuenta.

Tradicionalmente, la estructura externa del drama está compuesta por actos y escenas.

  • Actos: Cada una de las partes en las que se divide la obra teatral, señaladas durante la representación por la subida y bajada del telón. Su número oscila entre tres y cinco.
  • Escenas: Cada una de las partes en que se divide el acto de una obra dramática, definidas por la actuación de ciertos personajes: la entrada de uno nuevo o la salida (el mutis, como se denomina en el lenguaje teatral) de cualquiera de los presentes marcan el inicio de una nueva escena.

La estructura interna del drama suele ser tripartita, y consta de un planteamiento, exposición del conflicto; un nudo, desarrollo de la intriga; y un desenlace, su resolución. Este esquema encaja perfectamente con la organización de la obra dramática en tres actos. Cuando la obra presenta cinco actos, la estructura varía ligeramente: existe un planteamiento; un nudo; un primer desenlace parcial, el conflicto parece haberse resuelto; una peripecia, el conflicto toma un rumbo inesperado y resurge; y el desenlace definitivo. Este tipo de obra se conoce como drama tectónico.

En el teatro moderno la división en actos se ha sustituido por una estructura de cuadros y escenas autónomas, separados por cambios de luz, pasajes musicales o incluso carteles. Están concebidos como una serie de fotografías o pinturas que introducen al espectador en el ambiente del conflicto. No es necesario que la obra cuente con una presentación, un nudo y un desenlace; la tensión desaparece y es habitual encontrarse con finales abiertos.

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Los personajes. Tipos

Como sabes, los personajes son las figuras que toman parte en la acción de una obra dramática. Según el grado de importancia que adquieren en la historia se clasifican en:

  • Principales:
  • Soportan el peso de la acción y la llevan adelante.
    • Protagonista: Es el héroe. Encarna determinados valores que triunfan o fracasan con él.
    • Antagonista: Se opone al protagonista. Es él quien desata el conflicto de la obra.
  • Secundarios:
  • Arropan a los principales.
    • Aliados: Colaboran con el protagonista.
    • Oponentes: Colaboran con el antagonista.

Por otra parte, si atendemos a su complejidad psicológica, los personajes pueden ser:

  • Planos: Son personajes tipo, que responden a un modelo establecido, con una larga tradición literaria y, por lo tanto, con escasa originalidad: la dama, el caballero, el bobo, el valentón, el embustero, el cobarde… Son figuras prefijadas, convencionales, cuya actuación es previsible.
  • Redondos: Son casos originales, que se distinguen por poseer un carácter propio, que manifiestan en su figura, su forma de ser, sus rasgos morales o su actuación. Son los más interesantes. Su singularidad los convierte en seres únicos que perviven en la memoria del público.

Normalmente, una obra dramática recoge en su primera página la relación de los personajes que intervienen en ella. Los actores que los interpretan forman el reparto. Cada uno de ellos tiene un papel: la parte que ha de representar y que se le entrega para que la estudie. Para facilitar sus intervenciones, su entrada y salida, cada escena indica en su encabezamiento los personajes que se necesitan para interpretarla.

Lugar, tiempo y acción

Se trata de tres elementos con una importancia capital en la obra dramática. En el teatro clásico se aplicaba lo que conocemos como "regla de las tres unidades":

  • Unidad de lugar: La acción de la obra dramática se localizaba en un espacio único y preciso, un paraje natural, una plaza, un aposento, representado en el escenario.
  • Unidad de tiempo: Para que fuese verosímil, la acción había de durar, a lo sumo, veinticuatro horas, aunque era deseable que se ajustase a la duración real de la representación.
  • Unidad de acción: Ninguna acción secundaria debía perturbar el desarrollo de la trama, que debía exponerse al comienzo de la obra y proseguir sin interrupción hasta el final.

Observa el siguiente ejemplo:

La escena es en una posada de Alcalá de Henares. El teatro representa una sala de paso con cuatro puertas de habitaciones para huéspedes, numeradas todas. La acción empieza a las siete de la tarde y acaba a las cinco de la mañana siguiente.

Se trata de la acotación inicial de una comedia titulada El sí de las niñas, escrita por Leandro Fernández de Moratín, a comienzos del siglo XIX, ajustándose estrictamente a la regla de las tres unidades. Los autores posteriores abandonaron esta preceptiva, que complicaba bastante el desarrollo de sus obras. En una de las más famosas de nuestro teatro, Don Juan Tenorio, escrita por José Zorrilla unos cuarenta años después, se señala:

La acción en Sevilla por los años 1545, últimos del emperador Carlos V. Los cuatro primeros actos pasan en una sola noche. Los tres restantes, cinco años después, y en otra noche.
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La representación teatral

Para llevar a escena una obra es precisa la cooperación de muchas personas:

  • El dramaturgo: Es el autor de la obra, responsable del texto que se interpreta y creador de los personajes y del ambiente en el que se mueven. Para ello, además de los diálogos, redacta acotaciones: notas que se aparecen en la obra teatral, explicando las acciones, los gestos, los movimientos de los personajes y la disposición de la escena.
  • El director de escena: Es quien selecciona la obra, la estudia y la adapta para que pueda representarse, incorporando los elementos visuales y acústicos que el autor ha incluido en las acotaciones. Más tarde es el encargado de seguir los ensayos, supervisar el montaje y velar por la calidad del espectáculo teatral.
  • Los actores: Son los encargados de interpretar a los diferentes personajes. Suelen agruparse en compañías. El cuerpo que forma una compañía teatral se conoce como elenco.
  • Los técnicos: Se encargan del atrezo: los bastidores, los decorados, los objetos que han de aparecer en escena. En función de su especialidad, hay tramoyistas (se ocupan de los cambios de escenario), iluminadores, encargados del vestuario, del maquillaje…
  • Los espectadores: El público que acude al teatro y para el cual se ha preparado la representación.

Como sabes, el espacio donde se lleva a cabo la representación de la obra dramática se llama escenario. Si observas la ilustración podrás identificar el telón, la pieza de lienzo que cubre el escenario; la embocadura, el marco por el que se ve la escena cuando este se alza; las bambalinas, cada una de las tiras de lienzo que cuelgan a uno y otro lado del escenario; la escena, el espacio del escenario donde se interpreta la obra a la vista del público; el proscenio, la parte de la escena más próxima la público, que queda a la vista incluso una vez bajado el telón; la orquesta, el espacio comprendido entre el escenario y las butacas, que, a su vez, están dispuestas en el patio, la planta baja; el anfiteatro, el piso alto, organizado en gradas; los palcos, balcones; o el paraíso, último piso.

Si mueves el cursor por la imagen, podrás ver los nombres de algunos de estos elementos.

La tragedia

Como ya sabes, la tragedia es un tipo de drama en el que se desarrolla un conflicto con un desenlace fatal. Su objetivo es conmover al espectador, que se identifica con el protagonista de la obra y, en cierto modo, comparte su destino. Este hecho, que el público comparta el sufrimiento de un personaje que aspira a vivir su existencia con libertad y acaba fracasando, provoca lo que conocemos como catarsis: un sentimiento de purificación o liberación suscitado por la compasión y el horror ante lo que se está presenciando.

Los rasgos distintivos de la tragedia son los siguientes:

  • Los personajes: desde su origen, en la antigua Grecia, la tragedia ha exigido la presencia de personajes nobles: dioses, héroes, reyes. Esta nobleza de sangre fue sustituida más tarde por una nobleza de espíritu: personajes generosos, esforzados, sufridos, que se arriesgan o se sacrifican por aquello en lo que creen.
  • El estilo: el tono y el lenguaje suelen ser airosos y elevados. En ocasiones, la obra dramática incorpora pasajes poéticos, que resaltan el conflicto sentimental que viven los personajes.
  • Los temas: en un principio, los temas de la tragedia partían de los mitos o de la historia, más tarde, se fueron ampliando con argumentos que parten de la psicología del protagonista y analizan las pasiones que acaban destruyéndolo.
  • El mensaje ético: la tragedia se basa en un conflicto, en el que las partes enfrentadas se encuentran con los mismos derechos y solo pueden alcanzar sus objetivos hiriendo o eliminando al contrario, es decir, cometiendo una injusticia. La reflexión sobre la libertad, la justicia, la responsabilidad y la culpa es una parte fundamental del género, que ha servido a todas las sociedades para exponer sus valores morales y, llegado el caso, también para criticarlos.
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Imagen Comprueba lo que has aprendido sobre
el carácter de la tragedia

Un ejemplo de tragedia: Yerma

Federico García Lorca estrenó Yerma en 1934. A instancias de su padre, Yerma se casa con Juan, un rico labrador de su pueblo. La mujer ansía convertirse en madre. Ya ha pasado un año desde la boda, pero el hijo que desea no llega y Yerma no comprende por qué. Tal vez sea Juan quien conozca la respuesta…

JUAN. Piensa que tenía que pasar así. Óyeme. (La abraza para incorporarla.) Muchas mujeres serían felices de llevar tu vida. Sin hijos es la vida más dulce. Yo soy feliz no teniéndolos.
YERMA. ¿Y qué buscabas en mí?
JUAN. A ti misma.
YERMA. (Excitada.) ¡Eso! Buscabas la casa, la tranquilidad y una mujer. Pero nada más. ¿Es verdad lo que digo?
JUAN. Es verdad. Como todos.
YERMA. ¿Y lo demás? ¿Y tu hijo?
JUAN. (Fuerte.) ¿No oyes que no me importa? ¡No me preguntes más! ¡Que te lo tengo que gritar al oído para que lo sepas, a ver si de una vez vives ya tranquila!
YERMA. ¿Y nunca has pensado en él cuando me has visto desearlo?
JUAN. Nunca. (Están los dos en el suelo.)
YERMA. ¿Y no podré esperarlo?
JUAN. No.
YERMA. ¿Ni tú?
JUAN. Ni yo tampoco. ¡Resígnate!
YERMA. Eso nunca. Nunca. (YERMA da un grito y aprieta la garganta de su esposo. Éste cae hacia atrás. Le aprieta la garganta hasta matarle.) Marchita. Marchita, pero segura. Ahora sí que lo sé cierto. Y sola. (Se levanta. Empieza a llegar gente.) Voy a descansar sin despertarme sobresaltada, para ver si la sangre me anuncia otra sangre nueva. Con el cuerpo seco para siempre. ¿Qué queréis saber? No os acerquéis, porque he matado a mi hijo, ¡yo misma he matado a mi hijo!
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La comedia

La comedia es un tipo de drama en el que se desarrolla un conflicto con un desenlace satisfactorio. Aunque no es condición indispensable, la comedia suele estar vinculada al humor, a la comicidad, a la burla. Eso no quiere decir que en la comedia no haya crítica o reflexión. Veamos cómo funciona.

El humor juega siempre con el sistema de vigencias que aceptamos socialmente: nos reímos de lo que consideramos una caída súbita y transitoria de nivel (si fuera permanente se produciría un efecto trágico). Por ejemplo, el que una persona presumida y acicalada resbale y acabe en un charco produce risa (siempre que se levante y la encontremos ilesa, claro está), porque su caída pone en juego dos niveles —lo presumido y lo humilde– despertando nuestro sentido crítico, desenmascarando al impostor, o denunciando el tópico, la mentira social.

Como el humor es un juego de niveles, nos reímos de lo que no llega o se pasa, de lo que quiere ser y no es, de lo que sucede al contrario de lo que esperábamos, de lo inadecuado y fallido y, sobre todo, de lo que, siendo absurdo, se nos presenta como razonable.

Con carácter general, se pueden distinguir tres estrategias para producir humor:

  • Humor por el carácter: centrado, por ejemplo, en la parodia o caricatura de un personaje.
  • Humor por la situación: cuando deriva de unas circunstancias insólitas.
  • Humor verbal: juegos de palabras, chistes.

Como ya se ha dicho, la caída de nivel no puede ser permanente, pero sí repetida. De hecho, la reiteración de ciertas palabras o escenas puede convertirse en un leitmotiv de gran fuerza cómica, pues implica al espectador que cuenta con la reaparición cíclica del mismo elemento.

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Imagen Comprueba lo que has aprendido sobre
los mecanismos del humor

Un ejemplo de comedia: Melocotón en almíbar

Miguel Mihura escribió Melocotón en almíbar en 1958. Una banda de atracadores alquila un piso en Madrid tras haber robado una joyería en Burgos. Lo primero que hacen es esconder en una maceta las joyas que han robado. Uno de ellos se pone malo, por lo que recurren a una enfermera. La enfermera resulta ser una monja que empieza a revolver media casa, parece saber todo lo que ellos esconden y pone especialmente nerviosos a los ladrones…

SOR MARÍA- Se me había olvidado una cosa.
SUÁREZ. ¿Qué cosa?
SOR MARÍA. Meter la mano por las rendijas de mi butaca. Le va a parecer una tontería, pero yo siempre lo hago y siempre encuentro algo para nuestros pobres. Nada de valor, naturalmente… Pero cinco céntimos en una butaca y una pesetilla en la otra, pues mire… ya es una cinco, ¿no? ¡Si usted supiera la miseria que hay por esos mundos!… ¿Ve usted? Mire. Unos guantes. Con estos guantes cualquier pobre puede pasar un invierno calentito….
SUÁREZ. Desde luego
SOR MARÍA. Mire, mire… ¡Si hay aquí otra cosa! Una pistola.
SUÁREZ. ¿Cómo una pistola?
SOR MARÍA. ¿Será de sus amigos?
SUÁREZ. ¿Por qué iba a ser de mis amigos?
SOR MARÍA. ¡Ah, no sé…! Claro que, a lo mejor, también puede ser de otros señores que hayan tenido este piso alquilado antes. A lo mejor unos cazadores… Y ¿qué cree usted que debo hacer con esta pistola?
SUÁREZ. Guárdesela y después la vende.
SOR MARÍA. Y ¿qué valor puede tener esto?
SUÁREZ. Pues no sé. Unas mil pesetas… Y si no quiere usted cargar con ella, yo mismo se la compro. Mil pesetas.
SOR MARÍA. No. Por menos de dos mil no se la vendo. ¡Vaya usted a saber! A lo mejor algún día la necesita usted para cualquier cosa…
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La creación y transmisión de ideas

Seguro que en algún momento habrás recibido el encargo de redactar un texto, elaborar un trabajo o realizar una exposición. Para afrontar este tipo de ejercicio, al que tendrás que enfrentarte en repetidas ocasiones a lo largo de tu vida académica (y tal vez profesional), es preciso que desarrolles ciertas técnicas. Para ayudarte a empezar puedes seguir estos puntos básicos:

  • Ten en cuenta la extensión del trabajo y ajústate estrictamente al espacio o al tiempo de que dispones; tan malo es quedarse corto como pasarse.
  • Busca las ideas que quieres desarrollar. Escribe una lista con los temas concretos que te servirán para el trabajo. Luego decide cuáles son los más importantes y de cuáles puedes prescindir.
  • Organiza los contenidos que has seleccionado en un esquema, relacionando las ideas principales entre sí y desglosando cada idea principal en otras secundarias. Este esquema contendrá obligatoriamente:
    • Una introducción: Presentación del tema y de los puntos en que has dividido tu intervención.
    • Los puntos que vas a desarrollar.
    • Conclusiones: Una síntesis de lo que has expuesto junto con tu opinión personal.
  • Busca la información que necesites y completa los datos que te faltan. Procura utilizar bien las fuentes: se trata de que tu trabajo sea original y no una simple copia de lo que otro ya ha dicho. Cuando acudes a un libro o a la red, lo haces para apoyar los puntos de tu propio esquema, nunca para reproducir lo que allí has leído.
  • Sé consciente de que estás haciendo un servicio. Tu objetivo es facilitar la comprensión y transmitir tu mensaje del modo más agradable posible. Pregúntate: ¿Qué interés o importancia tiene el tema? ¿Qué quiero que los demás acaben sabiendo? ¿Qué aprendí mientras preparaba el trabajo? ¿Ha cambiado mi opinión en algún aspecto?
  • Ante todo, que tu exposición sea sencilla, concisa y clara.
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Diptongos, triptongos e hiatos. La tilde diacrítica. La diéresis

Cuando dos o más vocales se encuentran dentro de una palabra, esta coincidencia se resuelve de tres formas:

  • Diptongo: Unión de dos vocales en una misma sílaba. Una de estas vocales ha de ser abierta: a, e, o, y la otra cerrada: i, u; o bien, la dos cerradas. Esto da lugar a las siguientes combinaciones:
    • Diptongos crecientes (cerrada + abierta): cam-biar, cie-lo, kios-ko, len-gua, bue-no, con-ti-nuo.
    • Diptongos decrecientes (abierta + cerrada): ai-re, seis, boi-na, cau-sa, eu-ro, Sa-lou.
    • Diptongos homogéneos (cerrada + cerrada): ciu-dad, jui-cio.
  • Triptongo: Unión de tres vocales en una misma sílaba (cerrada + abierta + cerrada): miau, limpiáis, enviéis.
  • Hiato: Encuentro de dos vocales que se pronuncian en sílabas diferentes. Las dos vocales tienen que ser abiertas: a, e, o; o bien una abierta y otra cerrada, siempre y cuando la cerrada: i, u, sea tónica:
    • Hiato entre abiertas: ca-en, a-ho-ra, le-al, re-o, ca-no-a, co-he-cho, le-er.
    • Hiato entre abiertas y cerradas: pa-ís, le-ís-te, co-hí-be, Ra-úl, re-ú-ma, no-ú-me-no, pa-re-cí-a, rí-e, brí-o, pú-a, a-cen-tú-a, con-ti-nú-e.

Los diptongos y triptongos siguen las reglas generales de acentuación. Cuando un diptongo lleva tilde, esta se coloca sobre la vocal abierta: ca-mn, hs-ped, náu-fra-go; y, cuando ambas son cerradas, sobre la segunda vocal: c-date, in-ter-v. Los hiatos también siguen las reglas generales: le-ón, Sá-ez, a-é-re-o, a excepción de los que se producen entre abiertas y cerradas, que, como has podido comprobar, siempre llevan tilde.

Los monosílabos no se acentúan (fue, pie, dio), a no ser con una tilde diacrítica para distinguir pares de palabras: Mi padre confía en (posesivo / pronombre), conduce tu coche (pronombre / posesivo), Él llevó el caso (pronombre / artículo), Si vienes dime que (conjunción / adverbio), Que noticias de Juan (verbo / preposición); Te pido un (pronombre / sustantivo), que se venden (verbo / pronombre); Quiere más, mas no puede (adverbio / conjunción), Aun así, no ha llegado aún (conjunción / adverbio). La diéresis que aparece en palabras como: vergüenza, cigüeña o pingüino también es un signo diacrítico, que señala un diptongo.

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Vocabulario: el arte

Hablamos de arte para referirnos a objetos o fenómenos que no valoramos tanto por su utilidad práctica como por su originalidad y su belleza. Si consulto un mapa, lo hago con un fin determinado: trazar una ruta; en cambio, cuando contemplo un cuadro, no estoy buscando información ni pretendo servirme de él como herramienta o medio para conseguir un fin: el cuadro es un fin en sí mismo, porque ante él experimento una emoción especial que suspende mi ánimo y mis sentidos quedan admirados por las ideas, los recuerdos, los gestos o las actitudes que esa obra pone en juego. La disciplina que estudia la naturaleza del arte y los efectos que produce en quien lo disfruta se conoce como estética.

En origen, la cultura occidental distinguió seis artes, atendiendo fundamentalmente a su medio de expresión: la pintura (forma y color), la escultura (volumen), la arquitectura (geometría), la danza (baile), la literatura (palabra) y la música (sonido). A estas se sumó a finales del siglo XIX el cine (imagen en movimiento), conocido como el séptimo arte. Por otra parte, solemos diferenciar entre artes plásticas, las que buscan la imagen, la dimensión, el volumen: arquitectura, escultura, pintura, fotografía, cine, y artes escénicas: el teatro, la danza, la ópera.

Existe un lenguaje artístico propio de cada una de estas disciplinas, con un léxico específico que debes conocer. Busca en el diccionario aquellos términos cuyo significado desconozcas:

  • Pintura: cuadro, grabado, acuarela, collage, tríptico, fresco, óleo, lienzo, mural, textura, abstracto, trazo.
  • Escultura: busto, estatua (yacente, sedente, ecuestre), efigie, relieve, escorzo, esculpir, tallar, cincelar.
  • Arquitectura: nave, arco, bóveda, cúpula, arbotante, contrafuerte, frontón, pilar, arquitrabe, friso, cornisa.
  • Música: tenor, soprano, cuerda, viento, percusión, melómano, sinfonía, sonata, ópera, zarzuela, lied.
  • Cine: director, productor, guión, plató, secuencia, plano, picado, contrapicado, montaje, corto, doblaje.
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Imagen Comprueba lo que sabes sobre
gusto y estética
En esta página podrás realizar ejercicios para repasar lo que has aprendido.

Encontrarás tres juegos de ejercicios:

El género dramático
Compresión de textos, ortografía y léxico
Técnicas de trabajo. Creación y transmisión de ideas


No tienes límite de tiempo para realizar los ejercicios.
Hazlos con calma, comprobando bien las soluciones.
Si fallas reiteradamente en alguno, repasa de nuevo los contenidos y vuelve a intentarlo.
Puedes resolver los ejercicios cuantas veces quieras.


  • Autoevaluación 1
  • Autoevaluación 2

Actividades

1. Lee con atención el fragmento de Yerma que aparece en la página 7 de la sección de Contenidos y responde a las siguientes preguntas:

  • Fíjate en los diálogos. ¿Quiénes conversan? ¿Qué ideas y qué sentimientos muestra cada uno?
  • Al final se produce un brevísimo monólogo. Señálalo. ¿Quién lo protagoniza? ¿Qué expresa?
  • ¿Podríamos decir que nos encontramos ante una escena? ¿Qué le da unidad? ¿Pertenecería al planteamiento, al nudo o al desenlace de la obra? ¿Por qué? ¿Crees que se trata de un final abierto o de un final cerrado?
  • Reflexiona sobre los personajes. ¿Quién sería el protagonista? ¿Y el antagonista? ¿Hay personajes secundarios? ¿Te parecen personajes planos o redondos? Justifica tu respuesta.
  • Copia las acotaciones que aparecen en el texto. ¿Qué información transmiten?
  • ¿Cuál sería el tema de la escena? ¿Qué mensaje transmite? ¿Lo podríamos considerar una tragedia? ¿Por qué?
  • ¿Cuál es, en tu opinión, el sentido de las últimas palabras que pronuncia Yerma: ¡yo misma he matado a mi hijo!?

2. Lee con atención el fragmento de Melocotón en almíbar que aparece en la página 9 de la sección de Contenidos y responde a las siguientes preguntas:

  • Fíjate en los diálogos. ¿Quiénes conversan? ¿Crees que las palabras y la actuación de cada uno de los personajes contribuyen a que nos formemos una idea de su carácter? ¿Qué impresión te producen? ¿Cómo los describirías?
  • ¿Podríamos decir que nos encontramos ante una escena? ¿Qué le da unidad? ¿Pertenecería al planteamiento, al nudo o al desenlace de la obra? Justifica tu respuesta.
  • El fragmento tiene un indudable tono cómico. ¿De qué tipo de humor se sirve? ¿Recurre al carácter de los personajes, a la situación o al lenguaje verbal? Justifica tu respuesta.
  • Recuerda que definimos el humor como una caída súbita y transitoria de nivel. En este caso, el espectador cuenta con que el atracador sea un tipo duro y acostumbrado a actuar con sangre fría ante una situación de riesgo. ¿Ocurre así en el fragmento? ¿Se produce una caída de nivel? ¿Qué papel desempeña la monja en esta estrategia?
  • ¿Melocotón en almíbar es una comedia? Justifica tu respuesta.

3. Dibuja el escenario de un teatro y localiza en él el telón, la embocadura, las bambalinas, la escena, el patio de butacas, el anfiteatro, los palcos y el paraíso. Escoge luego cualquiera de los dos fragmentos anteriores y, como si fueras el director de escena encargado de realizar el montaje, trata de esbozar un posible decorado con todos los elementos necesarios para la representación.

4. Localiza los diptongos, triptongos e hiatos que aparecen en los dos textos con los que has trabajado. Justifica por qué lleva o no lleva tilde cada una de las palabras que los contienen.

5. De todas las artes, ¿cuál es la que más te gusta? Haz una breve redacción explicando las razones de esta preferencia. Recuerda lo que has aprendido sobre la creación y transmisión de ideas. Haz una lista con los temas que deseas tocar. ¿Qué interés tiene para ti? ¿Qué quieres que acabe sabiendo quien te lee? Busca la información que necesites y completa los datos que te faltan. Procura incorporar el léxico que hayas podido aprender en la sección de vocabulario y, sobre todo, intenta que tu trabajo sea sencillo, conciso y claro.

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Fichero Adjunto:

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Las supersticiones del teatro

Una representación teatral es un acontecimiento irrepetible. Este hecho le confiere un carácter especial. Por bien que hayan salido los ensayos, en el momento de la verdad, cuando el actor sale a escena, es imposible controlar todos los factores que contribuyen a que la función sea un éxito o se convierta en un fracaso. Un accidente fortuito, un olvido inoportuno pueden dar al traste con meses de trabajo. Tal vez esta sea la causa de que las supersticiones cundan en el mundo del teatro: utilizar flores naturales para adornar la escena, agotar el maquillaje cuando el actor está preparándose, recitar en los ensayos la parte final de la obra, sentarse al borde de una mesa o poner sobre ella los zapatos que se han de llevar el día del estreno son solo algunos ejemplos. Muchos actores rechazan que se les llame en público con el nombre del personaje que representan y prefieren que, en lugar de desearles buena suerte, se les desee lo contrario ("mucha mierda" o "pártete una pierna") para confundir a los malos espíritus.

Seguramente, la superstición más extendida sea la que desaconseja salir a escena vestido de amarillo. La tradición cuenta que Molière, el mejor dramaturgo de la literatura francesa, murió en el estreno de su última obra, El enfermo imaginario, el 17 de febrero de 1673, cuando representaba este papel vestido precisamente con una bata amarilla. Enfermo de tuberculosis, al llegar al cuarto acto, tuvo un fatídico acceso de tos que le provocó vómitos de sangre y estos, la muerte por asfixia.

El enfermo imaginario se convirtió en una obra maldita, aunque no es la única. En el mundo anglosajón, las gentes del teatro recelan de una de las mejores piezas de William Shakespeare: Macbeth. Se dice que las canciones de las hechiceras que aparecen en esta tragedia atraen la desgracia sobre el teatro que la pone en escena, sobre la compañía que la representa e incluso sobre el público que acude a verla. Tanto temor infunde que se prefiere evitar su nombre refiriéndose a ella como la tragedia escocesa.

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Cada país tiene sus propias supersticiones. En España, por ejemplo, se supone que ganar el Premio Lope de Vega de Teatro, distinción que otorga cada año el Ayuntamiento de Madrid al mejor autor dramático de la temporada, pone punto final a la carrera del galardonado, que jamás logra volver a estrenar en ningún teatro. Desde luego, no parece haber sido el caso de Alejandro Casona, Antonio Buero Vallejo o Fernando Fernán-Gómez.

Hay obras malditas, premios malditos y también teatros malditos. Son muchas las salas que cuentan con su fantasma particular: el alma en pena de algún actor que vaga entre bastidores, la sombra de uno de los espectadores asiduos al local que sigue ocupando su butaca después de haber fallecido. Se dice que la noche que el teatro cierra por descanso, tradicionalmente el lunes, es la que estos fantasmas aprovechan para representar sus propias obras. La leyenda se hace mucho más fuerte cuando se trata de teatros que han permanecido cerrados al público durante un largo período de tiempo.

De la misma manera que han surgido estas supersticiones, también han ido apareciendo cientos de amuletos que permiten conjurar la mala suerte en los teatros: poner azúcar en un rincón del camerino, entrar en el escenario con el pie derecho (especialmente el día del primer ensayo y también en el ensayo general), colocar hojas de ruda en la taquilla o tocar madera cuando se teme que algo o alguien pueda atraer la desgracia.

Ninguna desgracia se teme más que el fuego. Los supersticiosos aseguran que, de todos los locales de ocio capaces de congregar a un gran auditorio, son los teatros los que padecen más incendios. En ciertos países, el cuerpo de bomberos bromea con este hecho refiriéndose a los teatros como esas cosas que arden. Casualidad o no, en Lisboa todavía se recuerda el voraz incendio que devastó el Teatro Nacional Doña María II en el año 1964. Esa noche, la compañía representaba una obra singular: Macbeth, de William Shakespeare.

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